miércoles 2 de abril de 2008

Presencia del cine católico en los Estados Unidos

Presencia del cine católico en los Estados Unidos

Alberto Cardelle

En un principio…

El interés del cine por las cuestiones religiosas, en particular por las católicas, no se suscita, por supuesto, recientemente. En el año 2003, el obispo italiano Rino Fisichella publicó su libro Cine e Iglesia, donde demuestra una estrecha relación entre la entidad cine y la institución iglesia.

Nada menos que en 1896, el realizador Vittorio Calcina, que era un director de los Hermanos Lumiere, los inventores del cinematógrafo, filma el documental León XIII, que narraba la vida de este Santo Padre.

Tres años más tarde, el mismo Calcina dirige la película de 10 minutos de duración, Passion Pathe, donde el cinematógrafo, con unas herramientas todavía rudimentarias, narraba los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo. Estas dos “joyitas cinematográficas” son propiedad de la Filmoteca Vaticana.

Tiempo más tarde, entre 1899 y 1927, el cine continúa su interés por la religiosidad. Así lo demuestra la película, todavía silente, Rey de reyes, del realizador norteamericano Cecil Blount de Mille. Se calcula que esta realización ha sido vista por mas de 700 millones de personas en todo el mundo.

Escribía un investigador del cine religioso: “Rey de reyes constituyo una catequesis mundial. Le hizo llegar al mundo, de una forma simple desprovista de todo artificio, quién fue Jesucristo y lo que significarían para el mundo sus enseñanzas y la pureza de su estancia terrenal”.

Después de Rey de Reyes, Cecil B. de Mille siguió llenando las pantallas del mundo con su épica religiosa. Así lo demuestra sus filmes: El signo de la cruz, Las cruzadas, etc.. No se puede escribir una historia seria del cine norteamericano, sin incluir estas casi 3 décadas de filmografía religiosa, que han quedado como un patrimonio de Hollywood.

Auge e instituciones

En el año 1927 el cine, que ya había abierto sus ojos y daba sus primeros pasos, comienza a hablar. La primera película sonora, El cantante del jazz, con Al Jolson, se estrena. Comienzan a surgir los grandes estudios, los de la Metro-Goldwyn-Mayer, la Paramount, etc. Se crean las instituciones: la Motion Pictures of America, La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, etc. En fin, la industria del cine crece y, al mismo tiempo, se organiza. Y Hollywood, que durante los años que precedieron este auge mostró un interés por la religiosidad, no lo iba a abandonar ahora.

Casi una década después que el cine comenzara a hablar, una realización religiosa católica recibió sus primeros “Oscares”. La canción de Bernadette, protagonizada por Jennifer Jones y basada en el milagro perpetuo de Lourdes, recibió de la Academia 12 nominaciones y cuatro “Oscares”, incluyendo el de la mejor actriz, Jennifer Jones, que interpreto a Bernadette Soubirous. Le siguieron Going my Way, sobre el Padre Chuck O'Malley, que fue interpretado por Bing Crosby y obtuvo 10 nominaciones y siete “Oscares”, y la famosa Las campanas de Santa María, que unió en la pantalla a dos leyendas del cine norteamericano, Bing Crosby e Ingrid Bergman, y que obtuvo de la Academia ocho nominaciones y un “Oscar”.

En años recientes, dos películas profundamente católicas fueron dirigidas por el mismo realizador, el metodista Fred Zinneman. A Man for all Seasons, protagonizada por Paul Scofield, sobre la vida de San Thomas More, primer ministro de Inglaterra y un hombre que dio su vida por perseverar en su fe católica. Esta realización obtuvo de la Academia ocho nominaciones y seis “Oscares”. La otra fue La historia de una monja, protagonizada por Audrey Hepburn y, posiblemente, la mejor película que se haya filmado sobre una vocación religiosa.

No queremos terminar este artículo sin referirnos al filme The Sound of Music, interpretado por Julie Andrew y dirigido por Robert Wise, un director de mucho talento que unió, en un delicado balance, la fórmula mágica de Hollywood; el arte y la taquilla. La película narra la historia de los Von Trapp, una familia eminentemente católica y cuyos arreglos y canciones han sido un deleite para las corales religiosas del mundo. The Sound of Music obtuvo de la Academia 10 nominaciones y cinco “Oscares”. Hay que destacar que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood ha premiado filmes, que sin ofrecer demostraciones gráficas o verbales de fe religiosa, han trasmitido un mensaje de naturaleza evangélica.

La Iglesia nunca ha sido ajena al cine. Si algún crítico, escritor o historiador del cine dice lo contrario, peca contra la verdad. Tenemos a su Santidad Pío XII, llamado “el papa del cine”, con sus encíclicas, entre ellas Vigilanti Cura, y sus convocatorias al Vaticano, para las llamadas “Misas del Cine”, a algunas de las figuras más talentosas de la cinematografía italiana y mundial, como Cesare Zavatini, Vittorio de Sica, Gina Lollobrigida, Sofia Loren, Marcelo Mastroiani, Anna Magnani, Vittorio Gasman; o a un papa como Pablo VI, que demostró también su interés por el cinematógrafo al escribir en unas de sus encíclicas: “Ya no hace falta sólo la buena voluntad para trabajar en el apostolado del cine, sino también la preparación técnica”. Estas palabras son un recordatorio para quienes –incluyendo a algunos católicos–, piensan que la Iglesia y el cine no tienen nada en común.